El héroe discreto

Raúl Tola

Ginebra es una ciudad pequeñita y muy ordenada, que se ubica en la frontera de Suiza con Francia. Dicen que quienes viven aquí disfrutan de la mejor calidad de vida del mundo, y lo creo. Basta pasear un poco para comprender lo cerca que está del ideal de la perfección, con su paisaje dominado por la larga extensión de aguas claras que es el lago Lemán −sobre el que sobrevuela el altísimo chorro del Jet d’Eau−, sus restaurantes, brasseriès y cafeterías íntimas, y sus calles impecables que se estrechan y serpentean en La Vielle Ville, el casco antiguo. No debe ser casualidad que Jorge Luis Borges viviera tan prendado de ella, y que la escogiera para pasar sus últimos días y ser enterrado en el cementerio de Plainpalais, cerca del estricto padre de la reforma protestante Juan Calvino.
Ginebra también es escenario de una epopeya discreta y emocionante, protagonizada por un peruano que llegó hace veinte años por pura casualidad, con una mano adelante y otra atrás, y con el tiempo terminó por convertirse en uno de los pulmones de su vida cultural. Se llama Rodrigo Díaz Pino, y es dueño de «Albatros», la librería en español más emblemática de la ciudad. Habla con un castellano cantarín, entusiasta y lleno de diminutivos, y cuando se le pregunta por su historia, los ojos le brillan.
Rodrigo llegó a Suiza en 1989. Venía de Rusia, donde había estudiado cuatro años de medicina, gracias a una beca. «Albatros» ya existía, sus dueños eran un grupo de exiliados chilenos que la subvencionaban con otro negocio, una agencia de viajes. «Yo venía como ilegal, hermanito. Para ganarme la vida tenía muchos cachuelos, y uno de esos era limpiar la librería».
Cuando a la agencia de viajes empezó a irle mal, los primeros dueños decidieron deshacerse de «Albatros» y volver a Chile. Por entonces Rodrigo ya había conseguido los papeles y estudiaba en la universidad, Letras y francés. «Me ofrecieron la librería, y aunque me interesaba, yo no tenía dónde caerme muerto. Toqué las puertas de varios bancos, pero nadie me hizo caso: pedían propiedades, garantías, ¿de dónde las iba a sacar? Felizmente un amigo me habló de la Banca Alternativa, una institución que hace préstamos para proyectos culturales. De la Suiza alemana vino un funcionario que me entrevistó, y le gustó la idea. Y así me hice librero, pues hermanito».
Al comienzo el negocio no caminaba mal, gracias a la venta de cursos de idiomas para hispanohablantes. Las cosas se pusieron difíciles cuando las demás librerías también entraron en ese rubro, y ese importante ingreso bajó a la mitad. Ahora Rodrigo balancea el presupuesto con parte del sueldo que percibe en su otro trabajo, como acomodador en un teatro. El resto del tiempo lo pasa en casa, con su familia.
Desde un principio empezó a organizar un sinnúmero de eventos y a transformar «Albatros» en lo que ha llegado a ser, un activo centro cultural, además de una librería completísima y hasta una editorial, con títulos que suelen faltar en otros lados, pero que a su dueño, lector voraz y enterado, no se le escapan. Para dictar charlas, talleres, seminarios y presentar libros, invitados por él han venido y siguen viniendo escritores como Santiago Roncagliolo, Fernando Iwasaki y Jorge Eduardo Benavides. Como dice Rodrigo: «Qué nivelazo, ¿verdad mi hermano?».

Raúl Tola (Lima, 19 de noviembre de 1975) es un periodista y escritor peruano. Bachiller en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú, ejerce el periodismo desde 1993, año en que ingresó a la revista "". Posteriormente colaboró en diversos medios escritos, como el diario "El Sol", la revista "Quehacer" y la revista "Caretas".
Ingresó a la televisión en 1999, en Canal N, donde trabajó hasta el 2003, conduciendo noticieros, programas de debate y haciendo entrevistas.
En el 2003, ingresó a América Televisión, para la conducción de América Noticias: Edición Central. Al siguiente año asumió la conducción del programa dominical Cuarto Poder, del que renunció en diciembre del 2011.
En 1999 publicó Noche de cuervos, novela que fue llevada al cine bajo el nombre de Bala Perdida. En el 2002, publicó su segundo libro: Heridas Privadas. Ambientado en los años de la violencia política que arrasó el Perú, Toque de queda, su tercer libro, se publicó en el 2008.