Librería Albatros, un correccional literario en Ginebra

Carlos Salem afirmó algo así como que Rodrigo Díaz, propietario de la original librería Albatros, en Ginebra, era un traficante de autores.  No le faltaba razón al pirata. Ya son varias las decenas de autores españoles y latinoamericanos con los que ha traficado a lo largo de estos años. Como editor ha publicado, entre otras, una recopilación de los mejores cuentos de Fernando Ampuero.  Si afirmo que algunos de esos cuentos pueden estar entre los mejores del siglo XX, alguien puede pensar que es una exageración.  Está en su derecho. Si piensa así, me gustaría que leyese “El vendedor de borrachos”.

Cuando volé a Lima para asistir al Festival Eñe, Jorge E. Benavides me pidió, cuestión de exceso de equipaje,  que hiciese el favor de llevarle algunos ejemplares de los cuentos de Ampuero publicados por Albatros. La verdad es que el favor me lo hacía él a mí, ya que me permitió releer los cuentos de Ampuero con la calma que merece un viaje de 11 horas en avión. No me extraña que la maleta tuviese sobrepeso.  Los cuentos de Fernando Ampuero pesan como esos buenos peces que sólo se pescan de vez en cuando. Y una vez que lo sacas de la sartén y les hincas el diente,  no dejarás de comer hasta dejar las raspas limpias. Rodrigo Díaz de la librería-editorial Albatros ha recopilado algunos de los mejores cuentos de Fernando Ampuero y, además, la edición está muy cuidada.

Pero quizás la actividad menos conocida de Albatros, aparte de la de traficante de autores, sea la de organizar talleres literarios a lo largo de todo el año.  El sábado 21 fui invitado a presentar mi novela “Do not cross the line”, en esa genial librería ginebrina. Aquella mañana, mi socio en el Centro de Formación de Novelistas, Jorge E. Benavides, impartía un taller de relato de cuatro horas de duración. Me sorprendió la cantidad de talleristas matriculados. No cabe duda de que el interés por la narrativa iberoamericana está en auge en el país helvético. Dos horas después de terminado el taller, a Jorge, le tocaba presentar junto con mi editor José Luis Torres Vitolas. La pequeña sala volvía a estar completa. Al terminar, la gente seguía interesada en preguntar por el proceso de creación, por la construcción de los personajes,  o por cómo se llevaba a cabo la corrección final de la edición. Salem estaba en lo cierto: “Rodrigo Díaz trafica con autores”. Y la librería Albatros es un correccional literario.

Quiero agradecer su amabilidad y cortesía durante mi visita a Ginebra a: Hortensia Cid y Mónica, profesorsa en la Escuela Internacional de Ginebra; Raúl y su esposa Alejandra, profesores de español, Rodrigo;  José Luis; Jorge; y a todos los que asistieron ese día.