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20 May
2011
Escrito por José Luis Torres Vitolas

No podía empezar el primer post de este blog sin hablar de la Librería Albatros ubicada en Ginebra (Suiza). No en vano allí es donde presentaremos por primera vez Do not cross the line, el primer libro que sacamos con la editorial.  Insisto, no es casual este hecho. Como no es casual tampoco, que al referirme a ella, tenga que hablar de Rodrigo Díaz.

Conocí la librería el año 2009, cuando el buen Rodrigo me invitó a propósito de 5:37, mi primer libro publicado en España. Al llegar a la ciudad, descubrí que también era peruano y que hacía una labor cultural realmente encomiable: Invita regularmente a autores, casi uno o dos al mes, les paga el pasaje, el alojamiento y los recibe con la risa como un gran abrazo. Son muchos los escritores que han disfrutado de su hospitalidad (Carlos Franz, Eugenia Rico, Ignacio Martínez Pisón, Ronaldo Menéndez, Mario Bellatin, Andrés Neuman, Santiago Roncagliolo, Ricardo Sumalavia, Vanessa Montfort,…) y le tienen especial aprecio. Describirlo resulta sencillo si se toman prestadas palabras ajenas: “Su gran pasión es la literatura y desde hace años regenta Albatros, una librería especializada en libros en español. Como le ha ocurrido a tantos pequeños libreros, su establecimiento está seriamente amenazado por el auge de las grandes superficies, pero él ha decidido resistir” (Carmen Posadas). “En su librería pueden verse las últimas novedades editoriales no solo españolas sino de otros países de habla hispana: Visitar Albatros es vivir siempre la acechanza de la sorpresa, pues allí es frecuente encontrar libros que resultan imposibles de hallar en España o incluso darse de bruces con joyas que sucumben en las librerías españolas ante la avalancha de títulos más ostentosos”. (Jorge Eduardo Benavides). Y si a esto hay algo más que agregar, solo resta hablar de su perenne entusiasmo.  Como dice Cristina Fallarás: “Rodrigo tiene cara de fauno, risa de fauno y una alegría compulsiva, ese tipo de alegría agazapada que salta de golpe y entonces uno tiene que ir persiguiéndola como al sombrero que se ha llevado el viento, siempre un golpe más allá”.

Gracias a Rodrigo y a muy buenas amigas —también cercanas a la librería (como Hortensia Cid y Rosita Smith)—, Ginebra no solo es un lugar de visita frecuente, sino un lugar donde me siento como en casa.  Debo agradecerle también el gran gesto de invitarme a publicar un libro con él, porque debo resaltar que Albatros además de librería también es una editorial donde han aparecido Mario Benedetti, Fernando Iwasaki, Fernando Ampuero, Juan Carlos Méndez Guédez, Carlos Salem, Américo Ferrari. Así nació L, mi libro de microrrelatos…

Desde aquel 2009, que hoy se me hace lejano, hasta ahora, ha pasado algún tiempo ya. Y debo remarcar que apenas Rodrigo supo de mi proyecto editorial, fue uno de los que con más entusiasmo me ha apoyado. “Fuera de vainas, loco… El primer libro que saques lo presentamos aquí, como sea, hermano”, me dijo el año pasado y mañana sábado 21 de mayo, lo hacemos.

Carlos Salem, suele decir “Rodrigo contrabandea poetas y narradores de habla hispana a Ginebra, y no mira el ránking de ventas o los premios, sino la calidad de los libros”. Y a mí me alegra que así sea, pues, por suerte, así lo conocí, de contrabando.